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El Gobierno se quejó por nuevos ejercicios militares de fuerzas británicas en Malvinas

Mientras todavía se transita el 40° aniversario de la Guerra de Malvinas, el gobierno de Alberto Fernández hizo un reclamo al Reino Unido por la realización de ejercicios militares en el Atlántico Sur, que comenzaron este lunes y se extenderán hasta el 29 de este mes.

Se trata de maniobras que llevan adelante tropas británicas localizadas en las islas, pertenecientes al Regimiento del Duque de Lancaster, junto a la Fuerza de Defensa del archipiélago –considerada ilegal por la cartera que conduce Santiago Cafiero–, y efectivos de la Royal Navy y de la Royal Air Force.

Así lo denunció la Cancillería en un comunicado en el que señala que los ejercicios militares constituyen “una injustificada demostración de fuerza y un deliberado apartamiento de los llamamientos de las numerosas resoluciones de las Naciones Unidas y de otros organismos internacionales, que instan a la Argentina y al Reino Unido a reanudar las negociaciones, a fin de encontrar una solución pacífica y definitiva a la disputa de soberanía”.

La queja del gobierno de Fernández se produjo en momentos en que el diario británico Financial Times publicó un artículo en el que sugirió que el Reino Unido podría “levantar el embargo militar” sobre Argentina, reducir la militarización sobre las Islas Malvinas y reanudar los vuelos entre el archipiélago y el continente.

“Gran Bretaña podría levantar el embargo militar sobre la Argentina, una economía que forma parte del G-20 y una democracia que tiene casi 40 años, y reducir la militarización en la zona. Esto enviaría una señal poderosa a Buenos Aires y las islas de que Londres desea ver más relaciones normales y amistosas en la zona sur del Océano Atlántico”, aseguró el texto publicado en un editorial.

Ante una consulta de LA NACION, voceros del Foreign Office dijeron que “el Reino Unido no está militarizando las Islas Falkland. Nuestras fuerzas en el Atlántico Sur son totalmente defensivas y están al nivel adecuado para garantizar la defensa de las islas contra cualquier amenaza potencial. De hecho, la presencia militar del Reino Unido se ha reducido significativamente desde 1982″.

En igual sentido, a comienzos de abril, el comandante de la Fuerza Británica en las Islas del Atlántico Sur, Jonathan Lett, reveló a un enviado especial de LA NACION que la dotación militar en las islas está “en su nivel operativo mínimo” y negó las acusaciones sobre una militarización de la región. Explicó que “el propósito de la base es enteramente defensivo, para defender las islas de cualquier amenaza potencial”, sin hacer una referencia explícita a la Argentina.

Jonathan Lett, comandante de las Fuerzas Británicas en las Islas del Atlántico Sur

Los reclamos de la Argentina al Reino Unido y a las Naciones Unidas por los ejercicios en Malvinas se suceden casi todos los años, cada vez que se advierten maniobras militares en las islas. Según pudo saber LA NACION, esta vez no se acompañó una nota de protesta, modalidad que se adopta cuando los movimientos de tropas incluyen mayores capacidades bélicas, como el lanzamiento de misiles, práctica que se empleó el año pasado.

El secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, Guillermo Carmona, profundizó el reclamo en Twitter, al denunciar que “una vez más se demuestra el carácter falaz del relato que busca crear la imagen de unas islas apacibles con habitantes que serían supuestas víctimas de la amenaza argentina. Esa agitación de la supuesta hostilidad por parte de nuestro país busca disimular su permanente militarización”.

En diálogo con LA NACION, Carmona ratificó que “la Argentina rechaza y protesta cada hecho de militarización, especialmente en el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, donde se le pide al Reino Unido que cese con los actos unilaterales y que esto esté asociado con una desmilitarización, por lo que el planteo del gobierno argentino es un planteo permanente y consistente”.

Con respecto a los vuelos, el funcionario explicó que “desde el comienzo de la actual gestión y en todas las instancias, el Gobierno propuso a Gran Bretaña un vuelo regular con línea de bandera entre las islas y el territorio continental argentino. El Reino Unido ha respondido negativamente. Incluso, en la última propuesta que realizamos, no tuvimos respuesta”.

“De acuerdo al mandato de la resolución 2065 de la ONU, el Reino Unido debe retomar el diálogo y las negociaciones que quedaron congeladas unilateralmente por parte de Londres poco antes de la guerra de Malvinas”, insistió Carmona.

En la protesta de la Cancillería, que no se formalizó en una nota a la embajada británica y fue asentada en un comunicado oficial, el gobierno argentino advirtió que las fuerzas militares que participan de los ejercicios “forman parte del despliegue militar de ocupación ilegal del Reino Unido en las Islas Malvinas”. Citó un comunicado del contingente militar británico en Malvinas, el cual explica que “estos ejercicios se llevan a cabo para “demostrar la habilidad del personal de la Fuerza de Defensa de las islas para coordinar y realizar recursos para un ejercicio a gran escala”.

Tras insistir en su reclamo por la soberanía, añadió que la presencia militar británica en Malvinas se “contrapone categóricamente con la permanente voluntad de la República Argentina de resolver la controversia por medios pacíficos, de conformidad con el Derecho internacional y las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas”.

El gobierno argentino argumentó que las maniobras militares vulneran las resoluciones 31/49 y 41/11 de la Asamblea General de Naciones Unidas que instan a ambas partes a abstenerse de “adoptar decisiones unilaterales que entrañen la introducción de modificaciones en la situación”, además de exhortar a los Estados de todas las regiones, en especial a los militarmente importantes, a “respetar escrupulosamente la región del Atlántico Sur como zona de paz y cooperación”.

En febrero pasado, el canciller Cafiero presentó un reclamo en la Conferencia de Desarme en las Naciones Unidas, y pidió que el Reino Unido dé información precisa sobre el material nuclear que “transportó al Atlántico Sur en 1982 y el destino que le dio”.

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