“Llevo 25 años en la empresa y llega este muchachito a darme órdenes”

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Esta frase podría ser de ficción, aunque es sacada de la realidad. Estamos asistiendo a un momento inédito en la humanidad, donde conviven muchas generaciones tan distintas entre sí, no sólo en la convivencia social -en la que estamos bastante
acostumbrados por el formato de distintas edades en una misma familia-, sino en ese sistema llamado “trabajo”. Los negocios, empresas, emprendimientos y todo tipo de actividad laboral están desafiadas en este tiempo por la complejidad, la incertidumbre y los retos permanentes. A eso le sumamos la confluencia de distintas generaciones, cada una con sus matices.

La convivencia generacional corporativa implica cambios de paradigmas, de dogmas que se creían inamovibles hasta hace dos décadas, y trae desafíos completamente novedosos, como tener que trabajar con personas muy distintas entre sí, de edades y
experiencias diametralmente opuestas. Esto incluye que los puestos de conducción muchas veces son ocupados por personas más novatas en edad, configurando un diagrama organizacional complejo y que puede ser enriquecedor. Si ya es un desafío motivar a cualquier equipo, cuando tenemos una gran heterogeneidad de edades y experiencias el desafío es mayúsculo, porque no hay una uniformidad de intereses, gustos ni “anabólico” que sirva para todos por igual.

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