gastó sus ahorros en ver a Messi campeón y dará 500 dólares a quien le ayude a vender su kombi

0
12

Si te gusta el fútbol, si amás la celeste y blanca, si bancabas a Messi a pleno antes de que llegaran las vueltas olímpicas con la Scaloneta gloriosa, si te gusta viajar, todo eso se puede alinear en una experiencia inolvidable si tenés el coraje de ir a buscar otra manera de vivir y arrancar, nada menos, con el Mundial de Qatar. Para cumplir el sueño de ver a Argentina campeón y de seguir la travesía después, Florencia Moncalvillo se animó a dar el paso y partir de la Patagonia: renunció a su trabajo en Viedma, vendió todo lo que tenía menos la kombi, se la jugó. Después de ver a Lionel levantar la copa, siguió de viaje a Vietnam y de ahí a Tailandia. Ahora, desde las playas del sudeste asiático planea vender su kombi, la que preparó durante cinco años detalle por detalle para una travesía por América que deberá esperar. Y ofrece 500 dólares de recompensa a quien le ayude a hacerlo. Con eso financiará la vida que se abre, la que fue a buscar.

Florencia Moncalvillo y la kombi modelo 1985 en Viedma. antes de viajar Qatar.

En el avión con Ángel Correa, Thiago Almada y Guillermo Cóppola


Florencia es periodista deportiva. Nació en Laboulaye (Córdoba) y desde los cuatro años se crió en Viedma, la capital de Río Negro al norte de la Patagonia. Cumplió 34 el día que la Selección le metió tres a Croacia y clasificó a la final con aquella jugada mágica de Leo frente a Joško Máscara Gvardiol, un caballero que se bancó la clase de fútbol sin tirar una patada en 50 metros de amagues, frenos, piques cortos y giros mientras veía la 10 de atrás.

En las tribunas del Luisail que se ganó su lugar en el cielo de los argentinos en la misma categoría mítica del Aztceca, la banda más loca se movía para allá y se movía para acá cuando Florencia se sentó por un instante y repasó el camino que la había llevado hasta ese lugar, a las puertas de la gloria.

Recuerdos del Mundial, el día del partido con Croacia.

En esa película estaba el cuaderno donde anotó el 31 de mayo del 2022 su promesa de ir al Mundial, el comienzo de lo que vendría. Pronto consiguió la primera entrada y así la Hayya, la visa que exigía Qatar. Desalquiló el departamento, vendió muebles y ropa, su auto modelo 2011, compartió vivienda y gastos con una amiga primero y un amigo después, renunció a a su trabajo en Prensa del Ministerio de Turismo, Cultura y Deportes de Río Negro. Hasta que llegó la hora de ir por el sueño de ver a Argentina campeón.

Voló de Buenos Aires a Barcelona y coincidió en el avión con Ángel Correa, Thiago Almada y Guillermo Cóppola. Primer video viral: «Van a traer la copa» les dijo a los jugadores y en la grieta de las redes leyó después comentarios buena onda y otros que la mataban por mufa presunta.

Con Joaquín Correa y Thiago Alamda rumbo al Mundial. Coincidieron en el vuelo a Barcelona.

Vio la derrota con Arabia Saudita en un bar catalán y un africano le regaló una de las pulseras que vendía con un elefante de la suerte: le dijo que Argentina ganaría el Mundial. De ahí siguió al Golfo Pérsico y dio la batalla entre las entradas oficiales que tenía y las de reventa y consiguió estar en las seis victorias que siguieron hasta la épica final contra Francia. Podría haber atendido a los que la acusaron de yeta, pero la dejó pasar.

En el medio, otros dos videos virales. El segundo: al periodista chileno Robert Cox lo piropeó en vivo sin vueltas: «Vicuña un poroto al lado tuyo». El tercero: sacó a bailar cuartero a un árabe de túnica y turbante que se defendió bastante bien pero después le pidió que lo sacara porque en su mundo no se veía bien ese instante filmado con una rubia argentina de shorcito.

Con el periodista chileno Robert Cox. Captura de video.

Después del éxtasis de la final, con la alegría del sueño cumplido, llegaba el momento de continuar la aventura. Había conocido el desierto, había hecho nuevas amistades, como los saudíes con los que compartió un desayuno multicultural inolvidable o la cálida familia siria que la invitó a comer después de Polonia. Tras cinco días en Barcelona y 35 en Qatar, ya era tiempo de seguir la marcha con esos recuerdos que irán para siempre en la mochila. El plan: «Viajar por el mundo como estilo de vida, ir trabajando en el camino».


De Qatar a Vietnam y Tailandia sin hablar inglés


Los videos virales le trajeron un aluvión de seguidores en las redes, donde se ganó el derecho a presumir que vio a Messi campeón del mundo y publica su declaración de principios: «Las mujeres buenas van al cielo, las libres y sin inglés, adonde quieran». Con la misma soltura con que encaró a Correa, Almada, Guillote, el chileno y el árabe, se manda ante quien sea en el idioma de Shakespeare con las 10 palabras que maneja.

Florencia en Vietnam. «Me pareció maravilloso. Quedé enamorada de su cultura».

«Recibo infinitos y hermosos mensajes, más de mujeres que de varones, que me dicen que soy una inspiración para ellas, que les muestro que nada es imposible. Ni el idioma, ni la cultura», le cuenta al Voy desde un bar en Koh Lanta, una isla de Tailandia. «Una me dijo: ‘tu inglés me suma años de vida’», dice y se ríe.

En Koh Lanta, una isla de Tailandia.

Comparte una foto: detrás del ventanal se ve un parador y más allá el mar. Antes, pasó por las playas de Vietnam, se perdió en las callecitas de Hanoi, pronto seguirá viaje rumbo a Malasia y de ahí a Italia, la clave de lo que viene. Con la información que le pasaron, ya decidió que invertirá dos mil dólares en una gestoría para acelerar el trámite de la nacionalidad y abrir la puerta a todos los beneficios de tenerla: residir, trabajar en blanco, cruzar las fronteras sin visa, seguro social. Pero para eso necesita vender la Kombi.


Vende su kombi y ofrece 500 dólares de recompensa a quien la ayude


El romance con ese ícono viajero comenzó en el 2017, cuando fue con dos amigas a las playas de Pipa, al norte de Brasil. Entonces la vio. “Quiero eso”, dijo mientras miraba una Kombi que la había deslumbrado. De regreso al país, puso los ahorros para comprar una en Río Tercero (Córdoba). Hizo 1.300 km al volante hasta Viedma.

«Sin frenos, con un burro de arranque que me hacía renegar, con un carburador sucio que me dejó tirada en la ruta y con una caja de 4 cambios que nunca había usado. Eso más todas las mañas que tiene un vehículo de 1985«, recuerda.

Lo que siguió fue una reconstrucción y puesta a punto minuciosa: puso manos a la obra sola y con el tiempo se sumó la ayuda de viajeros y amigos. «A algunos les pagaba, a otros les daba comida y hospedaje y otros siempre te dan una mano», cuenta.

«También viajé a Bahía Blanca y estuve un mes viviendo en lo de un mecánico para que hiciera la parte de mecánica mientras yo me encargara de aislarla, hacerle los muebles, el colchón, lijarla, pasarle antioxido y pintarla y todos los detalles. Su mujer me ayudó con la costura de la cama y la cortina para el techo», detalla.

La kombi que puso en venta.

Para cubrir los gastos montó un emprendimiento de sublimación de tazas, dio clases de tenis, manejó redes sociales y vendió ostras. Ahora, con la necesidad de venderla, fijó el valor en 16.000 dólares y recompensará con 500 dólares a quien le ayude a concretar la operación.

Mientras tanto, desde el bar en la isla de Tailandia, imagina lo que vendrá. Tiene la laptop sobre la mesa, un café humeante y miles de caminos por descubrir.


Así es la Kombi


La kombi está en Viedma. Florencia cuenta que pasó la VTV sin problemas en noviembre con su motor R12 rectificado y en gran estado de chapa, pintura y con cubiertas nuevas.

Entre otros detalles, señala que tiene panel solar, anafe, garrafa, calefacción, tanque de agua de 70 litros, encendido eléctrico y un colchón de 12 centímetros de alta densidad. Más información sobre la Kombi, el contacto en Viedma es Juan: 2920473010


Para comentar esta nota debes tener tu acceso digital.
¡Suscribite para sumar tu opinión!

Suscribite

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí