El peor enemigo de Cristina volverá a salvarlo a Massa

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Hábil, el ministro Sergio Massa terminó de capitalizar el único anuncio que podía hacer el presidente Alberto Fernández en su accidentada gira por Asia: la flexibilización por parte de China del préstamo (swap) que desde hace años engrosa las reservas del Banco Central (BCRA). Según aseveran en el Gobierno, de ese préstamo de US$18.000 millones que casi no tenía más función que cosmética, ahora se podrán usar –una vez sorteadas las altas vallas burocráticas– poco menos de US$5000 millones (35.000 millones de yuanes) para intervenciones en el mercado cambiario. Un alivio para un BCRA que pierde reservas a diario, pero apenas una gota de agua en un desierto que se agrava con la sequía e inquieta con la llegada del verano.

En su afán por hacerse de dólares, Massa hace algunas semanas copó la relación del Gobierno con China. Como con otros organismos internacionales, el titular del Indec, Marco Lavagna, tomó la posta, junto con Gustavo Martínez Pandiani, el canciller en las sombras del tigrense. Lavagna toma cada vez más protagonismo. Ayer, el viceministro Sergio Rubinstein tuvo que salir a desmentir su renuncia y las versiones hablaban de su reemplazo por el director del Indec.

Además de destrabar el swap para el BCRA, Massa apuntó a reactivar la obra de las represas hidroeléctricas de Santa Cruz. Semanas antes del viaje de Fernández, le envió una carta a la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China con la propuesta. El acuerdo es que ahora China reconozca los casi US$280 millones que la Argentina ya pagó como adelanto de la obra y que además desembolse otros US$200 millones.

Ya no se habla de miles de millones juntos: no sólo la Argentina se conforma con menos, sino que China tampoco está hoy en condiciones de regalar dinero. La economía de Xi Jinping está en plena desaceleración y hace algún tiempo además que modificó su estrategia de financiamiento de proyectos alrededor del mundo. Y es que muchos de sus socios –como Rusia, Ecuador o Irán– no resultaron ser los mejores acreedores. Según datos del Rhodium Group, entre 2020 y 2021 China tuvo que reestructurar créditos alrededor del mundo por US$52.000 millones, una cifra más de tres veces superior a la que venía registrando en años anteriores.

Salvo alguna excepción, hace tiempo que las inversiones que China había prometido para la Argentina están paralizadas. Hasta su incursión en el negocio del litio viene a los ponchazos, pese a haber sido anunciado en reiteradas ocasiones. La empresa Tibet Summit Resources hasta debió ser intimada por la provincia de Salta a presentar sus planes de inversión en el Salar de Los Diablillos para mantener la concesión, mientras que el anuncio que en mayo de este año hizo el entonces ministro Matías Kulfas con la empresa Ganfeng Lithium para instalar una planta de baterías de litio en Jujuy jamás avanzó.

Pero en su listado de logros, Massa no sólo aspira a los dólares chinos, sino a mostrar que antes de que termine el mandato de Fernández la emblemática obra de las represas finalmente estará en marcha. Eso sí, el Gobierno admite que la obra que se anunció hace más de 14 años recién se va a concretar para 2028.

Sin mucho más que obtener por el lado de China, en el Gobierno ya tienen decidido sacar la semana que viene un decreto instaurando un nuevo dólar soja, con la idea de que esté operativo apenas arranque diciembre. Al final de cuentas, de los mega anuncios chinos no vive el mercado de cambios.

Hasta ayer, la negociación con respecto al dólar soja pasaba por qué tipo de cambio se le ofrecerá esta vez al campo. La idea del Gobierno era un dólar de $215, con un valor de $225 de máxima. También se conocerá la semana entrante el tipo de cambio específico para las economías regionales. El peso relativo en la balanza comercial de estas últimas es ínfimo, pero ayudan a maquillar una medida que para el kirchnerismo duro no deja de ser antipática.

No sólo el dólar soja viene a salvar la meta de reservas que la Argentina acordó con el FMI –las diferencias en este caso se subsanarían apelando al impacto de la guerra de Ucrania sobre el costo de la energía–, sino también la meta fiscal. La recaudación de derechos de exportación (retenciones) se estancó a partir de octubre –cuando finalizó el primer dólar soja– y ahora los números le dan a Hacienda una desviación de 0,3 puntos porcentuales de la meta de 2,5% del PBI acordada con el FMI. “Un dólar soja permitiría reencauzar la meta fiscal de nuevo al 2,5%”, explican cerca del ministro. “Ya no hay mucha vocación de ajustar nada por otro lado”, reconocen. Los tiempos de la política preelectoral empezaron a correr.

Para el mercado, los tiempos también se aceleran. Primer indicador: el dólar se despertó esta semana de su letargo. “El dólar era lo único que empezaba a estar barato en la Argentina”, resumió un operador de muchas batallas. En lo que va del año y hasta octubre, la inflación medida por el Indec acumula una variación del 76,6%, mientras que el dólar Bolsa suma el 57,3% y el denominado “contado con liqui”, el 62,5%. Todo en un contexto en el que el BCRA sigue inyectando pesos al mercado mediante las compras que hace de bonos soberanos, en un intento por sostener los precios de los títulos que emite el Tesoro. En el mercado estiman que desde octubre y en lo que va de noviembre, el BCRA emitió unos $250.000 millones por esta vía. El tema preocupa a los técnicos del FMI, que le vienen pidiendo explicaciones al BCRA. Quieren garantías de que esta emisión no sea “para financiar al Tesoro”. Es, tal vez, uno de los temas más espinosos por estos días en las conversaciones con el organismo.

Segundo indicador: al Tesoro ya no le está siendo tan fácil renovar sus vencimientos de deuda. Hubo reuniones en la semana entre los bancos y Finanzas. Ya negocian futuros canjes de títulos en pesos. De buen diálogo con el mercado, el equipo de Massa quiere evitar repetir lo que sucedió en julio. Pero se están quedando sin anabólicos para ofrecerle al mercado. Después de los bonos duales –que pagan la inflación o en función de la devaluación, la variación que sea mayor– no hay mucho más por ofertar. En los bancos, ya existe bastante resignación. “Tenemos que ir haciéndonos la idea de que en el verano tenemos que empezar a tener títulos que venzan después de las elecciones y cruzar los dedos”, se sinceró el presidente de un banco. Ya en la última licitación, remarcaron desde el equipo de research de Facimex, el plazo promedio de los instrumentos colocados fue el más bajo desde 2021: 95 días. Hoy, Finanzas volverá a testear el apetito del mercado. Le vencen $164.000 millones. “La licitación será crucial, ya que el equipo económico necesita financiamiento neto por $96.000 en cada una de las cuatro licitaciones que restan en el año para poder cerrar el programa financiero sin mayor emisión”, alerta Facimex.

Cerca de Massa siguen insistiendo en que “la inflación ya empieza a bajar de a un punto por bimestre” y aseveran que el próximo mes el IPC arrancará con un “cinco adelante”. Las expectativas de economistas y empresarios no parecen ir por el mismo carril. Es de esperar que en las próximas semanas el Gobierno avance con más políticas de garrote para contener los precios. Hay quienes presionan por replicar lo que se hizo con las empresas de consumo masivo, las prepagas o las empresas de telefonía y negociar con ellas un congelamiento.

Entre tanto, la “opulenta” Ciudad de Buenos Aires se prepara para recuperar los fondos de la coparticipación que el gobierno de Alberto Fernández le quitó, y que, según especulan cerca del jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, la Corte Suprema podría devolverle en un fallo la semana que viene. Timing perfecto –sobre todo mientras Jorge Macri disfruta de su luna de miel en Europa, alejado de las penurias económicas del país–, para lanzar en paralelo la campaña de Fernán Quiros como candidato a sucederlo.

Una luz de esperanza existe, sin embargo, para la Argentina entre quienes siguen de cerca el negocio energético. Para el consultor Daniel Gerold, uno de los más respetados del ambiente, no sólo hay altas chances de que para el 20 de junio de 2023 el gasoducto Néstor Kirchner esté finalizado, sino que él cree que la Argentina podría volver a tener superávit energético entre 2024 y 2025. Sus estimaciones arrojan un balance energético superavitario de unos US$5000 millones en 2024 y de poco más de US$10.000 millones en tres años. Pocos análisis de sostenibilidad de la deuda pública hoy tienen en cuenta este dato. Los inversores todavía eligen mantenerse lejos de la Argentina.

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