La familia y los Estados deben garantizar el bienestar de los niños

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El Secretario de Relaciones con los Estados, monseñor Paul Gallagher, intervino en la Conferencia Mundial sobre la Atención y la Educación de la Primera Infancia en Tashkent, capital de Uzbekistán. Y subrayó la importancia que tiene para la Santa Sede un enfoque holístico del crecimiento integral de los infantes

Michele Raviart – Vatican News

“No dejar a ningún niño atrás” significa perseguir el interés superior de cada uno de ellos, permitiéndoles “aprender, crear, pensar e interactuar con los demás en un entorno acogedor y amoroso”. Así lo reiteró Monseñor Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones internacionales, con motivo de la Conferencia Mundial sobre la Atención y la Educación de la Primera Infancia, celebrada del 14 al 16 de noviembre en Tashkent, capital de Uzbekistán.

Mensaje en inglés de monseñor Gallagher a la Conferencia Mundial sobre la Atención y la Educación de la Primera Infancia

Atención y educación

En este sentido, la Santa Sede, subrayó monseñor Gallagher, “apoya un enfoque holístico destinado a garantizar el crecimiento integral del niño, de modo que se combinen las dinámicas de cuidado con las de educación, a las que todo niño tiene derecho”. En esta tarea es decisivo el papel de los 9.230 orfanatos y 10.441 guarderías que dependen de la Iglesia, “donde miles de educadores y trabajadores sociales lo hacen a menudo en entornos precarios”.

Recuperar la dignidad de los niños

“Sus esfuerzos – continuó el Secretario de Relaciones con los Estados – promueven la educación de las niñas, permiten a los niños que viven en la calle, a los niños con discapacidades y a los que se desplazan – como los refugiados y desplazados – recuperar su dignidad y promover una cultura de respeto a la integridad física y psicológica de los niños, al tiempo que se atienden sus necesidades básicas de alimentación, higiene y salud”.

Los deberes de la familia y de los Estados

El bienestar del niño – concluyó monseñor Gallagher – debe ser inseparable de la implicación y el acompañamiento de los padres, especialmente de las madres, ayudándolos a comprender su responsabilidad de proteger la integridad y la santidad de la vida de sus hijos”. Al mismo tiempo, “es un deber de los Estados – en cooperación con otros actores como la Santa Sede – asegurar las condiciones físicas, emocionales, intelectuales y espirituales que favorezcan el desarrollo integral del niño”.

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