Veterinarios parasitólogos ayudan a resolver dos casos de medicina humana

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El ácaro rojo de las aves de corral, Dermanyssus gallinae, es un diminuto ectoparásito hematófago zoonótico. Dermanyssus gallinae es una plaga importante de las granjas avícolas de todo el mundo, aunque afecta principalmente a las gallinas ponedoras, y es responsable de pérdidas económicas de más de 230 millones de euros al año en Europa, debido a su impacto en el bienestar y la salud de los animales. Provoca estrés, picoteo de plumas y canibalismo, reducción de la producción y calidad de los huevos y, a veces, mortalidad por anemia.

D. gallinae puede portar varios patógenos zoonóticos, tanto virales, por ejemplo, virus de influenza tipo A, como bacterianos, por ejemplo, Salmonella enteritidis, Erysipelothrix rhusiopathiae, Chlamydia psittaci, Escherichia coli, Pasteurella multocida, Coxiella burnetii y Listeria monocytogenes.

En el contexto urbano, D. gallinae representa una amenaza para las aves urbanas, por ejemplo, palomas, gorriones o estorninos, y, como en las granjas avícolas, ocasionalmente puede afectar a los humanos.

El ciclo de vida del ácaro dura un promedio de dos semanas. Sin embargo, a altas temperaturas (35 °C) y con una humedad relativa superior al 70 %, el ciclo de vida puede completarse en solo una semana.

La dermanisosis se considera una enfermedad profesional en la industria avícola. De hecho, los ácaros atacan a los humanos cuando el nivel de infestación es alto y los agricultores, trabajadores agrícolas o visitantes no están adecuadamente protegidos.

En el contexto urbano, el parásito puede infestar a los humanos cuando los nidos de pájaros están muy cerca de edificios residenciales, como en balcones, áticos o detrás de unidades exteriores de calefacción/aire acondicionado.

Cuando los polluelos empluman, las aves suelen abandonar el nido y los ácaros, ante la ausencia de su huésped preferente, buscan huéspedes alternativos, incluido el hombre. Los ácaros pueden pasar fácilmente a través de las ventanas en cualquier momento del día, principalmente a finales de primavera, principios de verano y otoño.

Las víctimas humanas presentan una dermatitis similar a la sarna con lesiones eritematosas maculopapulares o papulovesiculares, erupciones eritematosas, pequeñas pápulas y ampollas, placas de urticaria y eritema, que a veces muestra una marca de punción central visible, manifestaciones de urticaria y prurito intenso. Estas lesiones se informan comúnmente en varias partes del cuerpo, incluidos los brazos, las manos, el pecho y las piernas, aunque también se han documentado lesiones en el conducto auditivo y cuero cabelludo.

Los ataques humanos se han registrado principalmente durante el día en lugares de trabajo, o de noche en las casas particulares. Los síntomas pueden persistir durante mucho tiempo en ausencia de un diagnóstico correcto.

Considerando los puntos anteriores, un grupo de investigadores italianos ha presentado un caso de dermaniosis (infección por D. gallinae), siguiendo el paradigma del enfoque “One Health”.

COLABORACIÓN CON LOS VETERINARIOS

Los autores presentan dos casos de dermanisosis en dos trabajadores de la salud de un hospital, donde la infestación estuvo relacionada con unidades de aire acondicionado exteriores, colonizadas por palomas. Al examen clínico, los pacientes presentaban dermatitis con numerosas pápulas eritematosas y lesiones tipo urticaria.

Los trabajadores afirmaron haber visto pequeñas criaturas en sus escritorios y ordenadores mientras trabajaban. Por ello, el alergólogo a cargo de los casos, consciente de la existencia de dermanisosis humana, solicitó que la consulta de los pacientes fuera inspeccionada por veterinarios parasitólogos para localizar el posible origen de la infestación.

De la consulta se recolectaron unos ácaros que fueron identificados por los veterinarios como Dermanyssus gallinae. Se sugirió retirar los nidos de paloma vacíos y realizar una desinfestación ambiental por parte de una empresa especializada. Tras la remoción de los nidos, la unidad exterior de aire acondicionado de la habitación se protegió con elementos adicionales para disuadir a las palomas a fin de evitar más anidaciones, y el lugar de trabajo se sometió a dos ciclos de fumigación con piretroides; no se permitió el acceso durante 48 h.

Una vez que se completaron estos procedimientos, los dos pacientes regresaron a trabajar en su oficina y no se informaron más ataques de ácaros. La regresión completa de sus síntomas ocurrió en 7-8 días.

Ante este curioso informe, los autores, defendiendo en enfoque “Una Sola Salud“, comentan que “este artículo describe cómo los dos casos aquí reportados se resolvieron rápidamente gracias a la estrecha colaboración entre veterinarios parasitólogos y alergólogos”.

Los científicos destacan que “es fundamental concienciar sobre el problema a médicos generales y especialistas”. Además, sugieren una reconsideración de la arquitectura urbana en relación al riesgo para la salud pública que representan la dermanisosis y otras enfermedades relacionadas con las aves urbanas.

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