Kitesurf uruguayo: un deporte que rema contracorriente a pesar de atraer el turismo

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El uruguayo Ramiro Guichón, instructor de kitesurf, posee un proyecto que busca expandir el deporte conectándolo con el desarrollo del turismo. De cara al crecimiento exponencial y el ingreso a los Juegos Olímpicos de la disciplina, vislumbra la oportunidad de desarrollar el turismo alrededor de la misma.

En el año 1977, Gijsbertus Panhuise patentó un sistema de navegación sobre una tabla de surf traccionada por un paracaídas. Podría decirse que allí nació el kitesurf (kite significa cometa en inglés), aunque sin éxito comercial. Posteriormente, en 1980, los hermanos franceses Lagaignoux dejaron el paracaídas de lado y se especializaron en crear kites, logrando vender 200 unidades entre 1993 y 1994.

Fue tres años después, de la mano de Neil Pryde, que se popularizó el comercio de estos materiales en Hawái. Llegó el año 2012 y se intentó que el kitesurf se incluyera como modalidad olímpica ya que, además de volverse más popular, tiene cerca de 12 modalidades. A partir de 2024, el kite foilboard será una disciplina olímpica permanente en los Juegos Olímpicos de París.

Esta historia, que parece alejada de Uruguay, en realidad toca muy de cerca a nuestro país, ya que, así como ha crecido en el mundo el deporte del kiteboarding, también ha sucedido aquí. Quien es testigo de ello es Ramiro Guichón, instructor de la disciplina e ideólogo de un proyecto para hacer conocer el país y atraer deportistas a practicar kite en nuestras aguas.

Guichón conoció el deporte en el 2000 en las Islas Canarias y en 2013 comenzó a practicarlo en Uruguay. Dijo a La Mañana que se trata de una disciplina a la que se acercan desde niños de ocho años hasta adultos de 72 y que, debido a la evolución, ya no es lo peligroso que era en los comienzos.

Aseguró que, en nuestro país, como en el mundo, el crecimiento del kitesurf se dio sin pausas, y hoy el mercado a nivel interno abastece completamente a los deportistas. El entrevistado es instructor de kitesurf, y relató que la disciplina ya venía creciendo en los últimos tiempos, pero que este año ha sido exponencial.

De cara a ese desarrollo es que se ha tratado de generar diálogo con el Ministerio del Turismo, ya que es un deporte que atrae gran cantidad de turismo extranjero. “Ha venido mucha gente de Europa que se encontró con el paraíso que tenemos; halagan el mar, las lagunas, porque son seguras, y está bueno que como uruguayos lo mostremos”, indicó.

El instructor busca que el kite sea un complemento del turismo uruguayo, tal vez como sucede en Brasil, que cada año llegan miles de visitantes para practicarlo y generan ganancias para el país. “Uruguay tiene la posibilidad de captar un gran porcentaje de turismo extra debido a que existen las condiciones para hacerlo, y tenemos que mostrarnos para que se sepa”, agregó. Esto se debe a que quienes hacen kitesurf suelen ser viajeros buscando spots nuevos en el mundo.  

Atractivo para deportistas e inversores

“Acá no se hacen competencias, pero se pueden hacer eventos en los que se invitan a grandes deportistas y eso es un llamador. Tuve la oportunidad de traer a los número 3 y 5 a nivel mundial en kitesurf, pero se hizo a pulmón porque no hay un apoyo aún”, comentó.

Mundialmente el deporte ha crecido, existen lugares típicos para la comunidad del kite, y en ciertas fechas se realizan jornadas a las que llegan miles de personas que, durante 10 días, permanecen en el sitio. “Uruguay puede ser un punto, porque tenemos todas las herramientas y condiciones para serlo”, afirmó el instructor.

Lamentó que desde Turismo se hayan delimitado zonas para practicar el deporte debido a cuidados del medio ambiente, como la Laguna Garzón. “Entendemos que hay que cuidar la naturaleza y la fauna, pero nosotros somos los primeros en hacerlo. Si se nos saca una zona, lo razonable sería que se nos dé otra”.

Opinó que con la cantidad de playas uruguayas es posible organizar para que una sea exclusiva de kitesurf y que los deportistas sepan que es para eso, generando un parador. Dijo que este hecho no solo impulsaría el deporte internamente, sino que ayudaría a venderlo al exterior.

“He viajado por el mundo y lo que hacemos con el proyecto es dar clases para que la gente conozca el deporte a través de ‘vacaciones deportivas’, buscando que puedan conocer los mismos lugares de la ciudad, pero desde el lado del mar. En Uruguay queremos hacer más o menos lo mismo, que se conozcan nuestras costas a través del deporte”, resumió Guichón.

El kitesurf crece, pero los espacios se reducen

El entrevistado lamentó que a pesar del desarrollo de la disciplina cada vez se acoten más los espacios para practicar, fundamentalmente en el este del país, que es la zona ideal para el kite. Uno de los mejores sitios es la Laguna Garzón, que recientemente se decidió limitar el número de kitesurfers que admite.

“Hay estudios que indican que nadar en una laguna estancada oxigena el agua, y otros que dicen que la cometa ahuyenta a los pájaros. Pero tengo fotos en las que se ve que uno está practicando y los pájaros no se van, ni tampoco queremos que eso pase. En distintas partes del mundo todos conviven, entonces ¿por qué nosotros no podemos?”, se cuestionó Guichón.

Indicó que se tienen unos 280 kilómetros de costa en el este, desde Piriápolis hasta José Ignacio, y en ese tramo solo poseen dos lugares en donde practicar kite: la parada 31 de la playa Brava en Punta de Este, que entran unos 30 kite pero se colapsa, y la Laguna Garzón, que la acotaron a 30 kite.

“Es un deporte olímpico, y nosotros estamos yendo para atrás. Tenemos chicos de 13 o 14 años que están a nivel mundial, algunos me han llamado para que los prepare de cara a los Juegos Olímpicos, pero ¿qué hago si tengo que hacer 200 kilómetros para practicar? Son palos en la rueda que las autoridades no ven debido al desconocimiento del deporte”.

El instructor remarcó que el mercado del kitesurf es grande. “Si se tiene un volumen de 1.000 kiters solo en Uruguay, por ejemplo, y solo se deja una playa de 30 en la Laguna Garzón y otros 30 en la 31 de la Brava, es complicado”, sentenció. Comentó que se habilitaron lugares en la Laguna Negra y la Laguna Merín, pero los vientos no son los ideales. “Sentimos que estamos remando contracorriente”, expresó Guichón.

Desmitificar el peligro

Muchas veces se escucha que el kite es una disciplina peligrosa, sin embargo, en cifras, el registro de accidentes a nivel local se da en un 0,01%, según comentó el instructor. En su caso, incluso utiliza el kitesurf para rescatar personas del agua. “Me ha pasado de ir a rescatar personas a la isla de Malvín, es decir que puede ayudar”.

En Montevideo, fundamentalmente, el deporte se practica en Malvín y Carrasco que son las playas más cómodas para dar clase. Durante el año, cuando no es temporada, se practica en el este, y en verano se suele utilizar José Ignacio.

Guichón señaló que el propio desconocimiento lleva a pensar que el kite es peligroso, y sí, puede serlo cuando la persona se tira al agua sin conocimientos del tema. “Para practicarlo se necesita la cometa, un arnés y una tabla, pero también es necesario haber tomado un curso básico de seguridad, de respeto por el entorno”, detalló.

Dijo que es muy peligroso solo comprar el equipo e ir a la playa sin saber algunas reglas. Hay que tener las básicas y saber sobre seguridad para que a la hora de practicarlo sea seguro. “Cuantas más armas tengamos sobre el funcionamiento, más accidentes se evitan”, fundamentó.

A su vez, dentro de la capacitación, se inculca el cuidado del ambiente, no dejar residuos, saber cómo tratar a la naturaleza y respetar el proceso de conectarse con el mar. “Creo que todas las partes podemos convivir y no es un problema”, sostuvo Guichón.

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